La voz

La voz

Nunca había escrito algo así. Si os soy sincera, no sé muy bien que saldrá de aquí. Pero oye, yo me tiro a la piscina y que sea lo que Dios quiera. Al fin y al cabo, quien no arriesga, no gana.

Me voy a venir arriba y voy a lanzar una pregunta: ¿Qué tal os lleváis con vuestra voz?… sí sí, ¿esa que vive dentro de nosotros y con la que mantenemos unas largas conversaciones?. ¿Bien, o mal?

Yo a día de hoy me llevo bastante bien, nos ha costado algunos años hacer las paces, pero ahora funcionamos de las mil maravillas. Durante demasiados y largos años esa voz se convirtió en mi peor enemiga.

Me castigaba, insultaba, humillaba, pisaba y un largo etc… ¿para qué seguir? Creo que os podéis hacer una idea, ¿verdad?

Era tan mala, que decidí ponerla un nombre y la bauticé como “la Bicha” (en otro momento prometo hablar de ella de manera más minuciosa, que tengo claro que os tengo que hacer bien las presentaciones). Sin embargo, después de mucho trabajo personal, esfuerzo y perseverancia, hasta lucha (porque no me cabe ninguna duda de que ella y yo hemos libramos mil batallas, hasta que yo, por supuesto, conseguí ganar la guerra) ella ya está lejos. A veces la oigo que susurra desde la distancia, pero, francamente, no la hago ni caso y me centro en esta nueva voz que me perdona, me impulsa, me guía y me acompaña desde el amor y el respeto.

Conocer como son estas voces es fundamental para nuestra salud mental, porque en cierta medida, así como nosotros nos hablamos, dejaremos que los demás nos hablen. ¿Al mundo?, al mundo siempre nos esforzaremos más en hablarle bien, porque socialmente hay unas pautas y tratar mal a los demás no está aceptado. Pero, ¿porque tratarnos a nosotros mismos mal?, ¿Por qué hay tanta indiferencia o secretismo en este hecho?

No sé. ¿Vosotros como lo veis?

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